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Formación sobre Contención Física y Emocional

Supervisión de equipos educativos

CONTENCIÓN FÍSICA i EMOCIONAL

OBJETIVOS DE LA FORMACIÓN:
1. Disponer de los conocimientos psicoeducativos sobre las situaciones que requieren una contención emocional y física, para saber cuál puede ser el trasfondo de las situaciones conflictivas de descontrol emocional
2. Recibir herramientas y conocimientos para una gestión respetuosa y coherente de la contención física y emocional
3. Aprender a desarrollar las habilidades y actitudes necesarias, para abordar el proceso de la contención física y emocional de manera eficiente


CONTENIDOS DE LA FORMACIÓN:
1. Marco psicoeducativo de la contención física y emocional
2. Límites y contención
3. Emociones y sentimientos. empatía que ayuda, empatía que dificulta
4. Vínculo afectivo y apego seguro
5. El duelo: efectos de la ruptura de un vínculo afectivo sobre el comportamiento
6. El trauma: congelación, desbordamiento y disociación
7. Abrir a la vulnerabilidad, recuperar el vínculo.
8. Actitud y presencia en la contención
9. Técnicas de contención física

PROTOCOLO DE ACTUACIÓN

FASE 1:  PROTECCIÓN Y RECUPERACIÓN DE LA AUTONOMÍA EMOCIONAL

Ponemos al niño en un contexto seguro, fuera de riesgo físico, y alejado del espacio donde pudiera dañar a otros.

Intentamos que el niñ@ recupere de nuevo la autonomía emocional, dirigiéndolo hacia sus propios sentimientos y necesidades, para que de forma consciente, pueda gerstionarlos.

  1. En cuanto surge una situación conflictiva o de riesgo de agresión, el educador/a debe mostrarse firme pero sin violencia en el momento de dirigirse al niñ@. Debe darle indicaciones claras, y no hablar continuamente para calmarlo. Frases cortas, y que lo dirijan a estar más centrado en lo que siente que en lo que está haciendo. Es un error común, pretender que no atienda a sus sentimientos por la creencia que esto va a activar más su agresividad. Pero si se da una situación de desbordamiento emocional es porque hay, en algún nivel más profundo, una congelación de sus sentimientos por una experiencia traumática. De modo que, nuestra tarea trata de que pueda canalizar la ira y el dolor.  Es más importante entonces, la actitud y la presencia del educador/a que la persuasión verbal.
  2. Damos siempre un tiempo para que el niñ@ pueda recuperar su autonomía emocional. En este tiempo debe mostrarse una confianza real en que la puede recuperar, y no dar en ningún momento mensajes directos o indirectos, que lo desanimen, sino que fortalezcan su autoestima y su capacidad de resiliencia. Entre los momentos de violencia, se suceden unos ciclos donde se abre una ventana donde es posible la empatía.
  3. Es conveniente que el niñ@ esté fuera del espacio común de los otros compañer@s. Por un lado se debe proteger al niño de sus propias acciones frente al grupo, que de alguna manera le queda la imagen de su violencia desmedida y sin control, y más pueden generar temor en el grupo. Esto facilita también, una relación grupal desaconsejada con el niñ@ que vive el conflicto, y que puede promover otros desórdenes en la relación.
  4. La intervención debe hacerse siempre en pareja. Por una parte por ser una situación que puede suceder cualquier cosa inesperada, y el educador que protagonice la CEF, puede requerir apoyo y acompañamiento emocional o físico, o también un remplazo. Y por último para que nunca pueda haber un malentendido en la versión de como se ha procedido en la CEF.

FASE 2:  DESBORDAMIENTO/DESCARGA EMOCIONAL DIRIGIDA

Permitimos que el niñ@ exprese su rabia y su dolor, sin la pretensión de que la reprima. Lo apartamos del grupo, llevamos a un lugar seguro donde hacer la contención física si es necesario.  

  1. Cuando no es posible que el niñ@ recupere cierto equilibrio psicológico, debemos actuar con cierta agilidad, sin temer la aplicación de la fuerza física. La mayoría de veces retrasar la contención física, no mejora la situación emocional. Si entendemos que es una medida educativa, y no punitiva, podemos ver que hecha a tiempo y del modo adecuado ahorra una escalada de violencia mayor.
  2. La contención física puede ir desde un abrazo en el que el niñ@ pueda desahogarse, hasta un bloqueo físico completo.  En el momento que haya cualquier tipo de agresión física, es conveniente llevar al niño al suelo, y apoyemos nuestra espalda en la pared, para poder abrazarlo y sostener bien su cuerpo para que no se autolesione, o dañe al educador.
  3. En el momento que se hace la CEF, se debe mirar a los ojos directamente. Y en la medida que se pueda, pedir que el niño los abra para ir tomando contacto con la realidad, y romper el circulo de la proyección. En la intensidad emocional que se da en una descompensación emocional, se revive el dolor del trauma, pero se reacciona a él sin conciencia del origen, de modo que la proyección se retroalimenta de las imágenes, mientras el niñ@ cierra los ojos. Pasada una primera descarga emocional, y teniendo al niño bloqueado físicamente, lo normal es que la ira aumente y se dirija hacia quien realiza la CEF. Esto suele producir miedo, porque uno puede creer que se le puede estar escapando de las manos, que tenga miedo de una mayor agresividad, de estar activando más la ira, o generando algún tipo de daño emocional. Pero no es así: la expresión del dolor reprimido en el trauma emocional, a través de los canales y el contexto adecuado, facilita la redirección de la violencia y el dolor contenido.  
  4. La contención física debe ser sostenida y con una aplicación firme de la fuerza, sin perder la empatía. En la contención física estamos haciendo uso de un abrazo afectivo y consistente, que permite que el niñ@, pueda conectar con instancias más profundas del dolor. Si titubeamos en la firmeza de la CEF, es fácil que se vuelva en contra de la contención, y el proceso de la descompensación regrese a estadio anteriores.  
  5. En esta fase el niñ@ pone a prueba la cohesión de fuerza y la coherencia emocional con la que se aplica la CEF, porque la raíz está en la desconfianza de la relación con la figura (adulta) de protección, afectividad y seguridad, al no haber recibido un acompañamiento amoroso, desde un vínculo seguro, en algún momento doloroso, o por haber recibido algún tipo de maltrato o haberse sentido desamparado.
  6. Si el proceso es progresivo, y el niñ@ accede a una parte más vulnerable de sí mismo, lo natural es que vaya enroscándose, relajando su cuerpo; permitiendo un contacto más afectivo, y necesitando menos contención física. Sin embargo, por lo general es mejor mantener cierta intensidad en el abrazo, para que siga sintiendo el límite emocional, y que la descarga emocional cumpla su ciclo.
  7. Es frecuente que los niñ@s, en algún momento digan que los soltemos, que ya se pueden controlar, que los dejemos solos. Pero estos mensajes que están en desacuerdo con su comunicación no verbal y corporal, no deben atenderse, sobre todo, en los momentos que están buscando algún tipo de replica, o feedback para mantener el conflicto interno activo, y así poder mantener el conflicto de la relación activa.
  8. La norma de mantener cierto silencio durante el proceso, ayuda más que la intención de querer dirigir el proceso mediante las palabras. En la medida que no devolvemos mensajes que responden a la provocación, el desafío, o ciertas conversaciones, el niño no puede justificar su percepción, y la proyección disminuye. Por otro lado, el acompañamiento con cierto silencio, permite que el niñ@ se conecte con lo que siente y no con nuestras expectativas de lo que debe hacer.
  9. En esta última parte es común que el niño entre en una experiencia regresiva. Es bueno facilitarla, si el niño se pone en una postura fetal, y se acurruca en los brazos del educador/a. Es conveniente que el educador/a que haga la CEF, esté cómodo, recostado contra la pared, con cojines. Y si es posible con poca luz aún mejor. De alguna manera, el niño aquí pide un abrazo afectivo de o materno, y el sostén del límite y la fuerza de lo paterno.